¿Dios tiene la culpa?


Hola mi querido amigo:

En días pasados platicaba con una Señora, que a mi modo de ver, ha caído en una depresión causada por el cristianismo que ella practica. Me decía que ella sabe que el mundo cada día irá peor y que no hay nada para remediarlo, porque la Biblia dice que así será: «el mal irá creciendo cada vez más hasta el día del rapto, en donde los que crean que Jesús (Tú) es el Señor, serán salvados y arrebatados de este mundo, para no ver el desastre y las desgracias que serán peores».

Nadie mejor que Tú mi Señor, sabe que a mí me gusta respetar a las personas en lo que creen o piensan, sin embargo creo que hay cosas que no se pueden dejar pasar por alto, porque creer que el mundo irá cada vez peor, por tomar un texto de la Biblia al pie de la letra, sin hacer una correcta interpretación de lo que el autor nos quiso dar a entender con esas palabras, es absurdo, siempre he pensado que toda esa gente que toma tu Palabra como bastión para atacar a los demás, en realidad no sabe bien quien eres, porque lo que menos hiciste Tú, fue señalar los pecados o errores de los demás, siempre estuviste abierto a recibir a todo aquel que se acercaba a ti, independientemente de su forma de ser, de pensar  o de actuar. Por eso me desconcierta que la gente piense que este mundo no tiene remedio, y que las obras no son necesarias para salvarnos, que lo único que nos asegurará la vida eterna es el creer en ti y «san se acabó».

Sé muy bien Señor, que así como esta Señora, hay muchos en el mundo que creen que contra el mal no se puede hacer nada, que lo mejor es refugiarse en una burbuja y quedarse esperando el día en que vengas a limpiar este mundo, pero eso no lo podemos hacer los que nos decimos cristianos y entendemos que lo que viniste a hacer aquí, fue establecer el Reino de Dios en medio de nosotros, y lo que nos toca hacer a cada uno de los que decimos seguirte, es luchar por acrecentar el bien en medio del mundo, aunque tengamos que ir contra corriente.

Hay muchas personas que se preguntan por qué toleras Tú que el mundo marche mal, por qué no remedias los dolores de la gente. ¿por qué no haces nada? Antes de hablar con la Señora que te contaba al principio, platicaba con otra que me decía: «quiero a Dios; quiero rezar, pero a veces dejo de hacerlo hay un montón de cuestiones que me lo impiden: ¿Si Dios sabía el principio y el fin de este amargo mundo –me dice–, ¿por qué lo hizo así ? ¿ Por qué comemos sólo un tercio de los humanos? Él sabía que somos malos y egoístas, ¿por qué no nos hizo mejores? ¿Por qué deja que los inocentes sufran? Es difícil tener fe viendo cómo están los drogadictos y sus familias. ¿Por qué lo consiente? ¿Es que tengo que estar toda la vida creyendo en Dios y no comprenderlo? ¿Por qué no arregla el mundo de hoy a mañana?»

De esta segunda señora, comprendo su angustia, y si bien sé que hay problemas que de verdad nos cuesta mucho comprender, lo que alcanzo a ver en la angustia y el conformismo de ambas personas son dos problemas bastante graves: pensar y creer que Dios (Tú) debe actuar como un bacheador (tapa agujeros, petroleador), y no aceptar que en el fondo de todo mal está un incorrecto uso de la libertad humana.

Es bien cómodo Señor, echarte las culpas que son nuestras. Ahora resulta que, en lugar de sentirnos avergonzados, quienes comemos hasta despilfarrar y tirar el alimento, te echamos la culpa a ti porque no comen los otros dos tercios. Ahora resulta que Tú tienes que cambiarnos, cuando cambiar es el primero de nuestros deberes. Tú no eres ningún bacheador que deba pasarse la vida cerrando los agujeros que nosotros abrimos.

Qué hubiera pasado si Tú nos hubieras creado «más buenos», es decir, incapacitados para ser malos, ya no seríamos buenos en absoluto porque seríamos marionetas obligadas a la bondad. La bondad es el resultado libre del esfuerzo de quien, pudiendo ser malo, no lo es. Y no es cierto que Dios haya hecho malo al hombre: le ha dado un infinito potencial de bondad, aunque también haya respetado la libertad de ese hombre –como cualquier padre hace con su hijo–­­­ aceptando el riesgo de la equivocación.

¿La solución entonces? La solución, mis estimadas señoras, es que ustedes y yo seamos buenos, hagamos obras, no para envanecernos, sino para acrecentar el Reino y nos preocupemos por hacer el bien, de modo que siempre luchemos por que los demás también sean buenos. ¿Y Dios? ¿Él no tiene nada que hacer? Claro, y ya lo ha hecho: nos ha hecho a ustedes y a mí y a todos los demás para que luchemos por el bien.

¿Cómo transformar este mundo? Es muy simple: vamos haciendo de él un lugar más cristiano, vamos demostrando que el cristianismo vale la pena, vamos mostrándolo a los demás con nuestra vida, expliquémosle a los que no lo entienden, con hechos, qué lo más hermoso que tenemos los cristianos es la Eucaristía, ella es imprescindible para todo aquel que dice amar a Dios y quiere cambiar este mundo. De ella podemos sacar todo el amor para amar y saber entregarnos a los demás.