Moniciones para el Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario


MONICIÓN DE ENTRADA

Buenos días (tardes, noches), hermanos y hermanas en Cristo Jesús, bienvenidos sean al inicio de nuestra eucaristía correspondiente a este domingo XXVIII del Tiempo Ordinario.
Hoy estamos llamados a comprender que el Reino de Dios es un banquete al que todos son invitados y tienen un lugar, donde hay alimento para todos y todas, con la connotación de transformar una realidad histórica social mala e injusta en otra buena y justa, el Reino de Dios como en el banquete hay lugar para todos y nos exige corregir las prácticas que vayan en contra de este principio, es decir todo lo que sea anti Reino.
Teniendo esto en cuenta, iniciemos nuestra celebración, poniéndonos de pie y con el canto de entrada.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA

La imagen del banquete, que nos ofrece el libro de Isaías, nos abre camino para leer en clave profética el evangelio, ya que desde la tradición de Isaías encontramos la invitación al festín, al cual acudirán todos los pueblos y será en el «monte», el lugar del encuentro con Dios. Escuchemos

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA

San Pablo, a partir de la conocida frase «todo lo puedo en aquel que me conforta» nos coloca en la misma línea de Isaías: el Señor Dios saciará todas nuestras necesidades en la persona de Cristo, en la abundancia y en la escasez, en la hartura y el hambre. Cristo lo es todo para nosotros. Prestemos mucha atención a esta lectura

MONICIÓN A LA TERCERA LECTURA

La parábola del banquete, que escucharemos en el evangelio, expresa la relación entre el Señor y sus invitados. Entre éstos hay dos categorías. En primer lugar, unos, que eran dueños de campos y negocios, los cuales, se autoexcluyeron de la propuesta de Reino que nos ofrece Dios. El segundo tipo de invitados estaban en los cruces de los caminos, y eran gente de la calle, malos y buenos de todo lo que hay en la viña del Señor.
Esta diferente actitud nos permite constatar que hay claramente diversas formas de responder al llamado a participar en la construcción del Reino de Dios. Por eso dice el evangelio que «son muchos las llamados y pocos los escogidos». De pie, cantemos Aleluya

EXHORTACIÓN FINAL
SI ME INVITAS, YO QUIERO IR… SEÑOR
Porque necesito disfrutar y sentir,
aun en medio de tantas dificultades y penas,
un momento de dicha y de fiesta,
de alegría y de amistad,
de plenitud, paz y reconciliación conmigo mismo.

SI ME INVITAS, YO QUIERO IR… SEÑOR
Pero bañado con el traje del amor,
inundado con la fuerza de tu presencia,
calzado con el espíritu de las bienaventuranzas.

SI ME INVITAS, YO QUIERO IR… SEÑOR.
¿Me dejarás compartir tu mesa, Señor?
Es tanto lo que me falta para ser un perfecto invitado.
Digo amor, y mis obras se quedan en un vacío pregón.
Pretendo la justicia, y me busco a mí mismo.
Añoro un mundo nuevo, y lo pienso sin Ti.
Trabajo por sobrevivir, y no siempre lo hago mirando al cielo.
¿Aún sigues empeñado en invitarme, Señor?

SI ME INVITAS, YO QUIERO IR… SEÑOR.
Haz que, tu convite, llegué al lugar donde yo pueda responder.
A mi corazón, para que sólo sea para Ti.
A mi alma, para que sienta que vives en mí.
A mi caminar, para que no me sienta sólo ni desamparado.
A mi trabajo, para que mis ocupaciones no me alejen de TI.

SI ME INVITAS, YO QUIERO IR… SEÑOR.
Haz que, mis palabras, suenen a fiesta de fe.
Haz que, mis pasos, no se alejen de tus caminos.
Haz que, mi semblante, sea agradecido por la fiesta convocada.

SI ME INVITAS YO QUIERO IR… SEÑOR.
Contigo, aquí en la tierra, y un día…ojala en el cielo.
Contigo, aquí en el dolor, y un día…en el gozo eterno.
Contigo, aquí en las dudas, y un día…en la gran verdad que me espera.
Contigo, aquí en las sombras, y un día…ante el rostro del Padre. Amén.