Estoy completamente seguro que Barrabás alguna vez te buscó para hablar contigo, tal vez fue la mañana del martes santo cuando en la piscina de Siloé, Barrabás se acercó a ti para invitarte a ser parte del movimiento Zelote. Total, dentro de los doce había ya dos que le seguían a él, ¿por qué no unir fuerzas contra los romanos?
¿De qué hablaron? Seguro te contó sus sueños y tú, como buen amigo, lo escuchaste, como escuchas siempre, con toda la atención del mundo Cierto es, que después buscaste hablarle al corazón, buscaste que él entendiera lo torcido de sus sueños.
Y qué difícil es cuando alguien se acerca y te dice, esto no está bien, el orgullo nos ciega Señor y no nos deja ver, será que eso pasó con Barrabás, ¿le cegó aquello que él creía que era correcto? Cuéntame cómo fue mi buen amigo y permite que en este diálogo pueda examinar yo mi conciencia.
Barrabás: Me han hablado mucho de ti, Galileo. Entre mi gente no sólo se te respeta sino que hasta hay quien piensa que tú eres el hombre que nos falta. La situación del país, tú lo sabes mejor que yo, es insostenible. Los romanos ya ni necesitan amordazarnos, para tenernos amordazados. La gente ha perdido la costumbre de ser libre y empieza a sospechar que la libertad es un sueño de señoritos o de locos. Así que se han acostumbrado y hasta besan las sandalias de quienes les pisan. Sin embargo les hablas y entienden que el reino de Yahvé no puede ser esto. Pero tienen miedo y prefieren la opresión a la sangre. Mira: yo tengo 4.000 hombres a mis órdenes, 500 viviendo en la montaña y otros 3.500 dispuestos a abandonar sus casas al primer clarinazo. Pero ¿qué conseguimos?
Atacamos un fuerte y matamos a doscientos romanos, pero ellos, días después, llenan de veinte mil cruces la comarca: cien crucificados por cada soldado muerto. ¿Y entonces, qué sucede? Que la gente termina echándonos a nosotros la culpa de esas muertes y pidiéndonos que les dejemos en paz. «Pero ¿no es la paz y la libertad lo que quieren?» les preguntamos. «Sí, pero no a ese precio», nos contestan. ¿Y tú sabes por qué? Porque nadie les ha convencido aún de que el Reino vale más que la vida. Tú podrías, tú sabrías hacerlo. Yo te he seguido a muchas partes oculto entre la multitud y he visto que tú tienes esas palabras que necesitamos. Cuando tú hablas, a la gente se le pone el alma en pie, tú dices cosas en las que ellos creen porque se ve que tú crees en ellas. Sólo en una cosa te equivocas: no odias lo suficiente a los romanos.
Jesús: Pero es que yo no odio a nadie.
Barrabás: Mas no soportas la opresión ¿no es cierto?
Jesús: Yo odio la opresión, no al opresor.
Barrabás: ¿Qué juegos de palabras son esos? ¿Puede odiarse la bofetada y amar a quien la da?
Jesús: Ahí, amigo Barrabás, es donde se bifurcan nuestras vidas. Yo sólo quiero amar, tú sólo sabes odiar
Barrabás: ¿Pero es que crees, de veras, que alguna vez se construyó algo con amor? Pisa la tierra, Galileo. Quizá en ese cielo en el que tú te empeñas en habitar exista esa cosa que llamas el amor y ese Dios a quien crees tu Padre. Pero aquí, en la tierra, sólo cuenta el fulgor de la espada y en los cielos el Dios de los ejércitos. Ese Dios de Israel hundió en el mar al Faraón y sus guerreros sin preguntarse por sus corazones y seguro que se sintió muy a gusto mandando todas sus almas al infierno. ¿Quién va a impedirnos ahora el imitarle? Por lo demás —obsérvalo— la gente que te sigue embobada piensa durante unas horas en ese cielo de corderitos que les pintas, pero a la noche tiene hambre como todos y no te seguirían si no supieran que tú, con unos juegos malabares, acabarás llenándoles su estómago. Pero deja por un solo día de hacer esos milagros y cuenta luego el número de tus seguidores. A la gente le encanta que se encuentre la oveja perdida, pero es porque así podrán cenársela esta noche.
Esa otra libertad que tú pregonas ni la entienden, ni sabrían qué hacerse con ella. Pero ayúdales, en cambio, a expulsar al romano, reconstrúyeles un reino medianamente justo y todos te aclamarán por rey. La redención, amigo, empieza en el estómago. Cuando se lo llenemos, empezaremos a preguntarnos si hay que hablar también de cielo.
Jesús: Barrabás, no llegarás nunca a hablar de Dios si primero hay que barrer toda la pobreza del mundo. Siempre habrá pobres, siempre injusticias.
Barrabás: Pues, entonces, que se espere Dios. ¿Qué quieres: que invitemos a resignarse a todos los que sufren?
Jesús: No. No a resignarse; a combatir con amor y sabiendo que, en definitiva, la felicidad no depende de eso.
Barrabás: La felicidad no es un sueño, Galileo, si no la arrebatamos a golpes de espada nadie va a regalárnosla.
Jesús: ¿Y crees que una espada puede dar una sola rebanada de felicidad? Que yo sepa, una espada solamente da sangre.
Barrabás: Pues que sea, al menos, sangre del opresor.
Jesús: ¿Y quién es el opresor? ¿No crees que, al fin, todos oprimimos a todos? Vale mucho más empezar a luchar consigo mismo.
Barrabás: Y morirse de asco en un rincón, mientras los poderosos de siempre pasean sus espadas sobre nuestros muros.
Jesús: Ah, Barrabás, si lograras descubrir que tu primer opresor es tu odio, si descubrieras que el que no perdona no será perdonado...
Barrabás: Ya, y ahora acabarás diciéndome lo de la otra mejilla. Ah, Galileo, ya veo que no puedo contar nunca contigo. Y lo más trágico es que a ti, el pacífico, acabarán matándote antes que a mí.
Jesús: Tal vez porque entienden que yo soy su verdadero adversario, que yo destruyo las raíces de su orden, mientras que tú eres sólo una marioneta que grita. A ti terminarán matándote tus propios compañeros y acabarás sin saber liberarte ni de tus propios miedos. Yo te ofrezco una liberación más honda y más definitiva, pero para aceptarla tendrías que empezar por arrojar ahora mismo tu odio y tu espada. Mas no lo harás. De todos modos, sábete que yo estoy dispuesto a morir en lugar tuyo. Y si un día me recuerdas, dirás tal vez: «Aquel loco, aquel loco tenía toda la razón».


muy lindo, hermosas palabras del maestro nuestro señor Jesucristo.
ResponderSuprimircomo se que efectivamente jesus tuvo ese dialogo?
ResponderSuprimirquiero la fuente
Hola amigo(a) lector(a)
ResponderSuprimirBienvenido(a) a este espacio llamado el Rincón de los Conquistadores. Gracias por los comentarios que ha dejado a las entradas que ha visitado y por su pregunta.
Le explicaré:
Estos diálogos no es que se hayan dado en sí de esa manera, son, como lo explico en el primero que escribí, llamado "Diálogo entre Jesús y María" y que lo puede leer aquí: http://elrincondelosconquistadores.blogspot.com/2011/04/dialogo-entre-jesus-y-maria.html
una forma de ayudar a nuestros lectores a meditar sobre la Semana Santa. Son una forma de acercarnos al misterio de esos días y de tratar de comprender -desde fuera- como es que Jesús pasó sus últimas horas, ¿qué sintió? ¿Cómo reaccionó ante tales eventos? ¿Qué le dijo a las personas que estaban más cerca de Él?
Todos los diálogos los puede usted encontrar en la parte derecha del blog, a donde dice: "CONTENIDO", ahí puede seleccionar de la lista que se despliega, la etiqueta: "DIÁLOGOS DE JESÚS CON..." y le aparecerán todos los diálogos que publicamos.
Espero que le sirvan y le ayuden a meditar sobre el misterio del Dios que se hace hombre, y en estos días, cercanos a la Navidad, sobre el Dios que vuelve a encarnarse en medio de nosotros.
Dios le(la) bendiga.
Quedo a sus órdenes para cualquier aclaración. Le dejo mi e-mail por si gusta escribirme ahí: libertadpascua09@gmail.com.
P. Benito Pimentel