Moniciones para la Misa del 24 de diciembre. Misa de Gallo

MONICIÓN DE ENTRADA

Reciban un saludo de amor y de paz. La liturgia de esta noche, nos irá mostrando el camino preciso de la celebración. Pero, además, queremos que la habitual bienvenida a la Eucaristía tenga más fuerza, más contenido, más amor. Jesús está aquí. Le hemos esperado. Hemos intentando convertirnos a Él para facilitar el camino de su llegada. Ya está aquí.
Ésta es nuestra cena litúrgica de Nochebuena, más tarde cenaremos en casa y tanto aquí como en el hogar, debemos de hacer un silencio profundo, una quietud total, que sea capaz de envolver la tierra estos momentos previos al Nacimiento. Así que, hermanos y hermanas, con toda nuestra alegría iniciemos nuestra eucaristía…

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA

Todas las lecturas nos hablarán hoy del puente que esta noche se tiende entre tiniebla y luz. La Primera, que escucharemos justo ahora, está tomada del libro del profeta Isaías, y nos invita a abrir los ojos para ver extasiados a un Niño. Al Emmanuel, al Dios con nosotros, portador de la plenitud, de la justicia y de la paz.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA

Es la venida de Cristo nos dice la segunda lectura de la Carta de Pablo a Tito, la que nos propone e inspira, desde ahora, asumir un comportamiento nuevo ético y fraternal. Una vida purificada y digna de recibir, en la aparición gloriosa, al Salvador del mundo.

MONICIÓN A LA TERCERA LECTURA

Una es la señal para reconocer al Niño Dios que ha nacido, y Lucas en el Evangelio de hoy nos la deja ver muy claramente. Es la Pobreza. Sólo cuando dejemos las riquezas, los privilegios, el poder: entonces se podrá reconocer la verdadera Iglesia de Cristo. Los pastores así lo entendieron. Y los ángeles cantaron a la paz del mundo que trajo el Niño.

EXHORTACIÓN FINAL
¿POR QUÉ, SEÑOR?

Aprovechas la orfandad de la noche
sin más cortejo, que el amor de una Virgen
al amparo del cayado de tu padre
para nacer pobre siendo inmensamente rico?

¿POR QUÉ, SEÑOR

Pudiendo ser agasajado por cortejos reales
prefieres la bondad y las sencillez de unos pastores
y el calor de una mula y un buey?

¿POR QUÉ, SEÑOR

Siendo Dios, como Tú lo eres,
te humillas tanto a favor de aquellos
que, siendo hombres, a veces nos sentimos “dioses”

Dinos, Señor;
¿Por qué te haces tan pequeño?
¿Por qué quieres llorar y sufrir como el hombre?
¿Acaso no sabes que, por ser hombre,
te espera una cruz, levantada por hombres,
allá en un sangriento horizonte?

¿Por qué, Señor
rompes las fronteras del cielo
y te adentras, sin ruido ni aspavientos,
en la débil humanidad que espera tu salvación?

¿POR QUÉ, SEÑOR?

Sólo hay una respuesta,
tan grande como Tú mismo
y tan corta la palabra que te define:

¡TODO POR AMOR!

Por amor naces y por amor bajas
Por amor lloras y por amor redimes
Por amor te dejas adorar
y por amor, un día también,
en otro trono, de madera también,
demostrarás lo mucho que nos amas.

¡POR AMOR, SEÑOR, VIENES AL MUNDO!