Moniciones para el III Domingo de Adviento - Ciclo A

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la Eucaristía de este Tercer Domingo de Adviento. Siempre deseamos que nuestro saludo de bienvenida sea muy alegre, pues hoy más aún, pues celebramos el domingo «gaudete», el domingo de la alegría. Desde hace muchos siglos la Iglesia comienza esta celebración con este canto esperanzado y alegre que procede la antífona de entrada: «Estén Alegres…». Y la frase procede de la Carta de San Pablo a los filipenses. En fin, que vamos completando el tiempo de Adviento y que el próximo domingo ya será el cuarto y último domingo, para dar paso luego a la Navidad. Pues que estemos siempre alegres y esperanzados en todo este tiempo que nos falta para el Nacimiento del Niño Dios. Y que lo aprovechemos para convertirnos más al Señor, para mejorar nuestras vidas y busquemos la felicidad de nuestros hermanos.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA

El fragmento de Isaías que vamos a escuchar hoy termina con siguiente frase: «Pena y aflicción se alejarán». Y eso es la alegría. El profeta Isaías sigue presentándonos en estos domingos de Adviento su profecía sobre un mundo de paz en el que nadie luchará contra nadie, ni siquiera en la naturaleza. Y nos pide además que fortalezcamos a los débiles. Es un buen encargo para estos próximos y cercanos momentos de Navidad.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA

El apóstol Santiago en su Carta nos dice que nos mantengamos firmes, porque el Señor está cerca. Firmes en nuestra fe y en nuestros propósitos de ser mejores que, sin duda, son los frutos del Adviento. El tiempo se acaba para olvidar nuestros malos momentos y disponernos a vivir los buenos.

MONICIÓN A LA TERCERA LECTURA

Es un evangelio difícil el de hoy, pero lleno de esperanza. Juan Bautista, preso por la maldad de Herodes, recibe noticias contradictorias sobre la actitud del Mesías. Tal vez, Juan esperaba –como otros muchos judíos—ese Mesías capaz de articular un triunfo político. Pero Jesús le responde que se contemple lo que hace como Mesías: los más despreciados de la sociedad, los enfermos, los inválidos recuperan la salud y, sobre todo, a los pobres se les predica la Buena Noticia.

EXHORTACIÓN FINAL
ERES NUESTRA SONRISA, SEÑOR

La causa de que, en medio de nuestros males,
nos infundas valor y esperanza
y, en la tiniebla, disipes con tu luz
aquello que no nos permite verte o encontrarte.

¡ERES NUESTRA SONRISA, SEÑOR!

Vienes y, porque apareces pequeño,
disparas nuestras ganas de vivir
de aportar ilusión a nuestro mundo

Haces que, nuestros corazones,
brillen destellos de generosidad y de amor
¡Cómo no vamos a estar alegres, Señor!

Eres Tú quien abres nuestros labios
para que, sin decir nada,
riendo lo digan todo: ¡Vas a nacer!

Eres Tú, quien al acercarte hasta nosotros,
alzas con tu humildad nuestra débil condición

Animas, con tu llegada divina y oportuna
los fracasos aparentes de la humanidad

¡ERES NUESTRA SONRISA, SEÑOR!

Fuente de una felicidad inexplicable
Surtidor de una alegría indescriptible
Maná de un gozo santo, bueno y eterno

Manantial que, cuando uno bebe,
siente que la Vida, brota en nuestra pobre vida
¡Gracias, Señor, por tu venida!

Te sentimos y, porque intuimos tu presencia,
estamos jubilosos, expectantes,
contentos y mirando hacia el cielo.

¿Sabes por qué, Señor?

Porque Tú, Jesús, aunque algunos no se den cuenta
sigues dando alegría profunda…alegría verdadera. Amén.