Moniciones para la Solemnidad de la Asunción de la Virgen María


MONICIÓN DE ENTRADA


Celebramos hoy la gran fiesta de la Asunción de María. El Señor ha hechos grandes maravillas, nos dirá ella. El Señor la ha glorificado y la ha convertido en luz de alegría y esperanza para nuestro caminar hacia Jesús. En este caminar estamos seguros que tenemos una madre y una intercesora que nos lleva a Cristo.

MONICIÓN A LA PRIMERA LECTURA

Nos encontramos con un texto tomado del libro del Apocalipsis, donde se describe la lucha entre el mal y la descendencia de la mujer, que es Cristo Jesús y su Iglesia. Con su resurrección, Cristo ha vencido los poderes contrarios al Reinado de Dios.

MONICIÓN A LA SEGUNDA LECTURA

La segunda lectura de hoy, tomada de la primera carta a los corintios, san Pablo viene a hablarnos acerca de la resurrección del Señor. Nosotros sabemos que por el pecado entró la muerte en el mundo y que por Cristo llega la salvación a todos.

MONICIÓN A LA TERCERA LECTURA

El texto evangélico de hoy, según san Lucas, contiene dos partes. Primera parte: visita de María a su prima Isabel y segunda parte: Canto de María, conocido en la literatura bíblica como el Magnificat. Con Jesús ha llegado un cambio decisivo en la historia de la humanidad, tal como la ve y la quiere Dios

EXHORTACIÓN FINAL
TU HUMILDAD, SEÑOR

Es difícil, Señor, al seguirte cada día
no desear aquello que, Tú, me invitas a dejar.
Viniste pequeño, nos dijiste que en la pequeñez
residía la grandeza y el tesoro del amor.

Más, pasan los años y los siglos, Señor
y, los hombres, nos empeñamos en ser grandes.
Altos, para alcanzar el cielo.
Ricos, para tenerlo todo.
Fuertes, para sentirnos invencibles.
Dueños, para tener siervos.
Pero, la humildad, Señor
nos cuesta recibirla, entenderla y comprenderla.

Preferimos la exaltación a la humillación.
Los primeros puestos, a los últimos.
El aplauso, a la crítica.
El reconocimiento, al silencio

El homenaje, a la indiferencia.
¡Cuánto cuesta, Señor, vivir tu humildad!

Vivir sin meter demasiado ruido.
Abrazar la cruz sin decir demasiadas palabras.
Hablar de Ti, aunque nos cueste un llanto.
Proclamar tu bondad, frente a otros amores

Ayúdame, Señor, a descender de las cumbres.
A sentirme a gusto siendo humano,
tu amigo, tu testigo… y tu hermano

Hazme comprender, mi humildad divina,
la que me hace tenerte como lo más magnánimo
y, la humildad humana,
la que me permite acercarme a los necesitados

Y aunque cueste, Señor,
que sea un cristal –transparente y limpio-
a través del cual Tú entres en mi vida. Amén